Observo mi obra detenidamente. Es perfecta.
Así, quieto, me gusta más. Hace falta un poco de morado, nada que no se pueda arreglar... Agregaré otro poco más de ira, le sienta bien a su rostro, aunque no lo sé de cierto porque exageré el rojo.
La boca está entreabierta, ¿dejaré hablar al dolor? Amo su voz, pero odio escucharlo tan disminuido. Un dedo, de piel casi apagada, toma dirección hacia los labios... pero desiste... Sabe que no resistirá la sangre. Su imaginación volará, pintándole un benévolo presente... Benévolo porque al vaticinar un futuro más cruel pone fin a la espera...
-No, por favor-, alcanza a decir antes de que mi pie se estrelle, por enésima ocasión, en sus costillas... Le beso después la frente donde pondré el tiro de gracia...
Bum!...
Por fin calló su mentirosa boca.
No hay comentarios:
Publicar un comentario