domingo, 26 de junio de 2011

Los Colores del Otro Lado


Seguía sentada frente a la ventana, cepillándose el cabello, con la mirada perdida en quién sabe qué infiernos.

Al haber huído el último segundo de esa hora, se levantó para guardar el fino instrumento de plata en un cajón del tocador...

Su imagen en el espejo era ya tan diferente... La piel de la joven frente a ella no era tersa y mostraba un melancólico tono azul. Era tal la blancura de sus labios, que parecían nevados. Los ojos estaban enrojecidos y bajo ellos habitaban dos grandes manchas violáceas. Reparó en que los hilos rubios prendidos aún a su regazo, no conservaban rastro de su antigua brillantez o suavidad...

De pronto, una fría mano gris sobre su hombro la despertó del ensimismamiento...

-Ya es hora-, escuchó.

Y ella, tan graciosa como siempre, se desplomó inerte sobre la alfombra.

Tiro de Gracia

Observo mi obra detenidamente. Es perfecta.

Así, quieto, me gusta más. Hace falta un poco de morado, nada que no se pueda arreglar... Agregaré otro poco más de ira, le sienta bien a su rostro, aunque no lo sé de cierto porque exageré el rojo.

La boca está entreabierta, ¿dejaré hablar al dolor? Amo su voz, pero odio escucharlo tan disminuido. Un dedo, de piel casi apagada, toma dirección hacia los labios... pero desiste... Sabe que no resistirá la sangre. Su imaginación volará, pintándole un benévolo presente... Benévolo porque al vaticinar un futuro más cruel pone fin a la espera...

-No, por favor-, alcanza a decir antes de que mi pie se estrelle, por enésima ocasión, en sus costillas... Le beso después la frente donde pondré el tiro de gracia...

Bum!...

Por fin calló su mentirosa boca.

lunes, 6 de junio de 2011

Sepia

Hacía días que me dolían las piernas, de cuando en cuando un espasmo me sacudía el pecho y la respiración se me dificultaba. Y entonces la noticia llegó. O fue un presentimiento o algún extraño mal se gestaba dentro mío. Al parecer, nunca lo sabré.

Me senté a rezar por él, haciendo preguntas... todas ellas típicas. Entonces, con el  contundente rayo de sol entre la hojarasca me indicó que yo seguía.

Y así, con el aire retumbando en mis oídos, enfrenté mi destino. Pero, ¿en verdad lo era?...

Ahora mismo no tengo idea de lo que está pasando... no sé que significa esta bruma sepia que lo rodea todo. La incertidumbre de antes era agobiante. La nueva, se transforma en dolor físico... agonía punzante...

El miedo no fue aliviado... El vacío adquiere dimensiones que el ser humano jamás ha concebido... El tiempo no existe... no se siente... aterra no tener control.

Al nacer nos acercamos al fin... Pero cuando llegas a él no sabes lo que hay detrás, no sabes si hay perdón... y los ojos se te quedan fijos a la nada, se congelan...

Lo he arruinado y no puedo decírtelo... Estoy segura que de ser otra su voluntad yo estaría aquí, junto a ti... Quise regalarte paz y mi último obsequio fue infinita culpa.

¿Destino?..

En este instante ya mis manos no pueden sujetarte para evitar que, al terminar la escalera de caracol, pienses que estás tomando las riendas del tuyo...