lunes, 28 de noviembre de 2011

Un obsequio...

Pensé mucho en ti. Me ayudaron un dibujo en mi agenda, una pluma brillante y una estrella- de esas que se pegan en la frente- en el calendario. Doy gracias incontables veces por la bendición de tener a quienes amo a mi vera. Por poder compartir unas horas contigo.

Pero hoy, pido al cielo sabiduría y fortaleza para entender y asimilar cuando estoy agradeciendo por algo que no tengo. Solicito una bofetada cuando me siento feliz por un sentimiento que no existe, que no es recíproco. Imploro, con  las cuentas mordiéndome los dedos, por el olvido de un sueño que nunca será tangible...

Mi cabeza le da vueltas al asunto... busco la pequeña caja verde donde guardo un obsequio cuya elaboración me llevó varias noches, aquel que prometí darte pero que nunca tuviste tiempo de recibir. La abro. Las pequeñas plumas ya tienen arrugados los bordes. Maldito pegamento. Hace unos meses me había quedado perfecto.

Me rio. De mí, de las circunstancias. ¿Por qué me hago tanto daño?

Lloro. Mi ser está lleno de amor, pero mis manos y mis ojos se cansaron de trabajar en vano. No puedo perdonarme ser mi peor enemiga y haberte arrastrado dentro de esta vorágine en la que todo carece de sentido.

No puedo seguir así y hoy renuncio.

Es tiempo. Debo dejar de gastar energía y empezar a invertirla.

Te heredo la paz que creí haberte robado, envuelvo en mis sollozos tu tranquilidad para que la lluvia no roce siquiera las pequeñas ventanas en tu rostro.

Aparto de ti mis manos y mi conciencia manchadas de sangre para que los bufones no gocen de la fingida inocencia. Te ahorro el dolor torturando a fuego lento mi sistema nervioso.

Me trago la culpa entera y la entrega que laceran. Así tú no vomitas falacias o eufemismos.

No sé qué más puedo hacer... Estoy muriendo de a poco frente a ti... esperando tu abrazo, tu beso, tu compasión, una mirada tierna ante el sacrificio... pero, al haber caído tan bajo, ya no me crees digna ni de tu desdén... Das media vuelta... te alejas...

Ahora lo entiendo todo, el juicio que te ofendió no estaba equivocado y tienes un sólo deseo... Jamás haberme conocido. Si en mis manos estuviera borrar tus recuerdos hace mucho que lo hubiera hecho. Lo más que puedo ofrecerte son estás cenizas que aguardan ansiosas que las soples...

Te regalo un ángel, que te regala su ausencia... junto con la mía.

sábado, 5 de noviembre de 2011

Dibujo

El polvo estaba repartido, adusto, por toda la superficie de la mesa. El papel y los lápices susurraban lentamente algo ininteligible. Yo nunca había tenido talento para el arte pero a pesar de ello, esa noche la inspiración había jugado a mi favor y cada trazo era perfecto, todos los rasgos eran exactos... o casi todos...

Tomé el borrador e intenté de nuevo.

El gesto que puramente debería surcar tu rostro no asomaba por el grafito. Los dientes no armonizaban con la mirada. El labio superior quedaba o muy grueso o demasiado fino.

No podía ser. Había aprendido a recordarla pero no podía plasmarla. Borré y borré, una y otra vez, hasta que de repente sentí húmedos el índice y pulgar...

¿Dolor? Ninguno, así que seguí intentando. La luz desapareció y me venció el cansancio. Literalmente, me había vaciado. Caí de frente sobre el trozo de cartulina manchado... entonces el sabor metálico y salado lleno mi cerebro... me abandoné al sueño.

Curioso... 

La sonrisa que el lápiz se había negado a componer, me la regalaron tus labios al entrar al departamento y ver mi cuerpo inerte sobre el rojo charco.